Ya lo decía Julio César en su día pero no pasa uno de ellos sin que alguien te lo demuestre.

Y aunque lo parezca por la afirmación, si leemos más allá enseguida advertiremos que el problema no es de capacidad intelectual ni de condiciones o aptitudes psíquicas, es, simplemente, de educación y de civismo.

En este país llamado España, los niños van al colegio desde muy jóvenes, los más desafortunados lo hacen desde que son prácticamente bebés en las guarderías. No comparten la vida con sus padres sino con otras personas que, aunque educadores, no pueden prestar la misma atención y trabajar con todos los niños como lo puede hacer el padre o la madre (o el tutor). No aprenden cómo se tienen que comportar ya que si hacen algo que está mal, posiblemente no haya nadie que les recrimine la acción; no saben cómo tratar a sus mayores porque nadie se lo ha enseñado; no tienen el cariño que les deberían dar sus padres; no tienen nada más allá de un horario y unas personas impuestas que no son más que extraños y a los que, evidentemente, no entienden por qué tienen que obedecer.

La unión de este poco esperanzador inicio de la educación como persona junto con el clima social del país (os lo diré con dos palabras “Gran Hermano”) nos devuelve unos resultados desastrosos. Clima social que, por cierto, no sólo consigue contagiar a los niños / adolescentes en proceso de aprendizaje sino a personas hechas y derechas, que consiguen adaptar su comportamiento social a lo que ven en la tele (aunque en este caso posiblemente sí sea problema de la capacidad intelectual)

Y si la tele no ayuda, el idiotismo que se consigue gracias a las maravillas de la web 2.0 como Facebook, Tuenti, Twitter, Messenger,… es exagerado. En mi caso, no precisamente adolescente ni mi persona ni mis amigos, es increíble ver la cantidad de información banal que se puede llegar a recibir, e incluso en bastantes ocasiones confusa, por lo que el efecto en un adolescente no me lo puedo llegar a imaginar.

Lo grave, además, es que a los padres les da igual, básicamente porque ellos pertenecen a la primera generación de este tipo de personas y no perciben el problema sino que lo aumentan con sus actitudes y maneras de actuar que, lejos de dar ejemplo, normalmente suelen trastocar todavía más a la persona que las debe entender como correctas.

En definitiva, el primer paso para erradicar este problema es entender que hay que educar a personas y no a animales. Y aunque el ejemplo haya sido España, es extensible a un muy alto porcentaje de países, y en muchas ocasiones incluso con peores resultados.


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