Dedicado a mi gran amigo Jorge.

Normalmente organizadas para épocas del año donde la gente se quiere más, como por ejemplo la Navidad, las cenas de empresa suponen un reto más que una diversión, independientemente de la edad o estado civil de los participantes.

El reto es simple: no hacer el ridículo. Recuerda que el lunes los vas a tener que volver a ver y no estarás tan eufórico porque en vez de ser un viernes por la noche con 4 copas de por medio, es un lunes por la mañana con el maldito café de la máquina de la empresa como única ayuda.

Y para no hacer el ridículo sólo hay una fórmula que funciona: no bebas. O hazlo en pequeñas cantidades; claro que también está la variante de beber bastante, pero acompañar el tema con una buena cena y no con algo de picoteo. En ese caso la situación se compensa y aunque ingieres más alcohol se suelen decir y hacer menos tonterías.

Una vez concienciado de esto, te puedes preparar para salir de casa y aventurarte a cenar sin mayor riesgo. Y la mejor manera de preparase es utilizando un buen rato para elegir la ropa y para ataviarte correctamente, es decir, si normalmente pareces una chica fácil, acentúalo; si normalmente pareces un ligón de playa, haz uso de ello; si normalmente pareces gilipollas, ¡no lo dudes! Juega con tus bazas y tendrás más opciones de salir victorioso.

Ninguna cena de empresa puede presumir de ello sin que dos horas antes se haya quedado masivamente para tomar unas cañas, algo que no cuadra con el plan de no beber, pero bueno, sólo serán esas cañas y ya está, ¿verdad? Cuatro cervezas más tarde, y ya con algo de calor en el cuerpo, pese a las 3 ºC que hace fuera, rumbo al restaurante. Pero ¿qué veo? ¿por qué sacan tantas botellas de vino? ¡si yo no quiero beber! bueno, me beberé un par de copas y punto, estoy concienciado de ello, aunque cada vez menos; y todavía menos cuando las dos copas pasan a ser 6 y luego un carajillo y luego un pacharán y luego el primer cubata de la noche; y suerte si el primero es también el último, pero a esas alturas sabes que no va a ser así.

Así que tienes dos opciones, retirarte ya y quedarte con el paquete de tonterías que hayas acumulado hasta ese momento, o pensar que estás con tus amigos de toda la vida y seguir hasta las tantas, algo que, si de verdad estuvieras con tus amigos de toda la vida estaría genial, pero como estás con tus compañeros de trabajo, a los que a muchos caerás mal, supone una buena cantidad de conversaciones en los descansos de las próximas semanas.

Y a las tantas te retiras viendo más triple que doble, con mala conciencia y sabiendo que el lunes te señalarán y que encima seguro que te toca aguantar alguna bronca (merecida) incluso antes del lunes.

Todavía podría ser peor, ¿no? Te podrían no haber invitado a la cena.


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