Tras una conversación mantenida esta tarde, en la que nos preguntábamos cómo es posible que en una reunión entre empleados de una misma empresa pertenecientes a distintas regiones sea necesario pedir, en varias ocasiones, que se hablara en castellano, me vienen a la memoria dos artículos del señor Arturo Pérez Reverte escritos en el semanal no hace mucho.

A continuación dejo los enlaces. Para los que no se lo quieran leer, vienen a preguntarse, más allá de cuestiones políticas y/o ideológicos, lo mismo que me preguntaba yo. Y por supuesto a resolverlo de manera brillante, aunque no sorprendente.

Mi propio manifiesto (I)
Mi propio manifiesto (y II)


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